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Los pesados del cine

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Publicado el sábado 29 de enero de 2011 a las 16:27 | por Gelen
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sala de cine
Ir al cine se está convirtiendo día a día en una actividad de riesgo y no lo digo por los precios de las entradas ni por la falta de ideas que últimamente puebla la cartelera, si no porque cada vez más, aparecen en nuestras salas especímenes que tendrían que quedarse encerrados en sus casas por el bien de los cinéfilos. No me refiero a otros que "los pesados del cine".

Los pesados del cine son esas personas que sin diferencia de sexo, edad o religión, piensan que el cine es el salón de su casa, y amenizan las sesiones con comentarios en voz alta, risas a destiempo, chistes "ingeniosos", y por supuesto desarrollan un don parecido al de Aramis Fuster que les hace predecir los siguientes minutos de película.

Con la llegada de las nuevas tecnologías la cosa no ha mejorado, los móviles acompañan como banda sonora extradiegética a los personajes en sus quehaceres, y las conversaciones a grito pelado para explicar "que no pueden hablar porque están en el cine" se están convirtiendo en el pan nuestro de cada día.

A los sufridos cinéfilos no nos queda otra cosa que chistar, poner mala cara o hacer algún breve comentario que calmadamente exprese nuestra ira, pero a veces ni por esas se dan por aludidos.

¿Asistimos impasibles a un aumento de mala educación en el mundo o es que sólo los que van al cine tienen ganas de molestar?

Hoy he ido a ver La red Social al cine, y he tenido un poquito de todo: algunos comentarios y risas por tonterías (comprendo que la imagen del protagonista con chanclas da para reírse durante un buen rato), el de detrás manteniendo una charla por el móvil (que mi mirada de odio ha conseguido agilizar) y los de al lado que no les debía de gustar la película, han decidido a la mitad marcharse del cine obligándome a levantarme de mi asiento para dejarles pasar y teniéndo que esperar a que a la chica consiguiese desenganchar su abrigo del brazo del asiento que se había quedado atrapado. Con tantas interrupciones ¡lo que me sorprende es que me haya enterado de la película!

La solución que nos queda es buscar cines donde apenas haya público, buscar sesiones en horarios extraños, sentarse sin gente alrededor y encomendarse a algún santo para que no nos toque ningún "pesado" cerca.

Si alguno de ellos me lee ahora mismo le diría: ¡ssssshhhhhhh por favor!

sssshhhhh

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